miércoles, 27 de junio de 2012

EL CASTILLO DE SAN JUAN



 La edificación conocida como “El castillo de San Juan”, se ha convertido en un icono de San Juan de la Maguana, su vista imponente se observa en la medida en que se ingresa al poblado por la avenida circunvalar hacia la derecha en dirección norte.

El afamado pintor dominicano Mariano Sánchez, es el propietario del castillo. Inició su construcción en el año 2000, con la idea inicial de residir en ella pero que luego abandonó con la nueva intención de residir y ubicar allí un centro cultural y de exposición permanente de sus obras, orgullo de esta ciudad.
 
Según el artista sanjuanero: “Hemos destinado la primera planta del castillo para que allí se instale un museo de historia de San Juan de la Maguana y que toda la edificación se convierta en una meca del arte”. La idea es convertir la zona en un lugar de gran atractivo artístico e histórico y que las instalaciones sirvan además como talleres para que los niños de San Juan de la Maguana y los interesados tengan un lugar para aprender.
 
El Castillo, sin terminar, ocupa un área de mil metros cuadrados, tiene 15 habitaciones amplias, que son especies de salones para eventos masivos y ocupa cuatro niveles. El pintor ha invertido 20 millones de pesos dominicanos (1 dolar equivale a 39 pesos dominicanos) desde que inició su construcción, se requieren otros 15 millones para concluirla.



La construcción al estilo de un castillo medieval, considerada una obra de arte, corre el riesgo de perder toda su importancia si las autoridades sanjuaneras no impiden el levantamiento de apartamentos de viviendas en sus alrededores que obstaculizarían su visualización.
 
La construcción de apartamentos taparía la vista y la majestuosidad del castillo, por lo que el pintor perdió la motivación y el empuje inicial y paralizó la obra. Expresó, igualmente, que con buena voluntad política se resolvería el impasse, para que siga adelante en la construcción del castillo que servirá de museo y que además beneficiara a la comunidad con los talleres para clases artísticas y una galería permanente con las obras del pintor.
 
MARIANO SÁNCHEZ

Datos Biográficos

Nace en San Juan de la Maguana, República Dominicana, en 1964.

Estudios

1979 Cursa sus primeros estudios de arte en la Escuela de Bellas Artes de su ciudad origen.

1986 Ingresa a la escuela de Diseño de Altos de Chavón, La Romana, República Dominicana.

1987 Obtiene la Beca de Estudios Parsons School of Design de la ciudad de New York, patrocinada por el afamado artista norteamericano Larry Rivers y la Fundación de Altos de Chavón de República Dominicana.

1988 Galardonado con Honores Académicos y graduado Cum Laude en los géneros de Bellas Artes e Ilustración en la Escuela de Diseño de Altos de Chavón, La Romana, República Dominicana, afiliada a la Parsons School of Design de New York, Estados Unidos.
 


 Mariano Sánchez ha realizado un sinnúmero de exposiciones Individuales y colectivas tanto en Europa como en Estados Unidos.

Sus obras se encuentran en museos de grandes ciudades de Europa y Estados Unidos. También se encuentran en manos de coleccionistas privados de Puerto Rico, Inglaterra, España, Alemania, Estados Unidos y Perú, especialmente.

Sus cuadros se encuentran igualmente en lugares como la Casa Blanca, en Washington, en la Suprema Corte de Justicia en Santo Domingo, en las residencias de Hillary Clinton, Leonel Fernández, Juan Luis Guerra, entre otras personalidades.

Mariano Sánchez es uno de los pintores dominicanos más cotizados en el extranjero.


martes, 19 de junio de 2012

LA VITILLA UN FAMOSO JUEGO DOMINICANO



La vitilla es un intenso juego creado en las barriadas populares de Santo Domingo, derivación del baseball, beisbol o pelota, en buen dominicano. Para el juego se necesitan tapas de botellón de agua (la bola) ergonómicamente creada para estos fines y un palo de escoba o una rama firme (el bate). En la costa norte de Colombia este juego se hace con las tapas metálicas de las gaseosas (refrescos) conocidas como “checas” y de ahí el nombre con que se conoce.

Antes de la implementación de la tapa actual, para el juego se utilizaba algo menos complejo pero no era del todo eficiente, ya que, con el viento se podía desviar y a la hora del "bateo" no eran de igual manera que con la nueva.
 


Sobre los orígenes de este juego Cheo Hidalgo, reconocido Master en vitilla, dice lo siguiente:

 “El motivo de este deporte urbano es que los niños y jóvenes de esos tiempos no poseían los juegos que existen hoy en día, antes los juegos y juguetes estaban orientados a juntar las personas. Entonces pasamos de jugar con pelotas de trapos y con cacos de muñecas y surge de la nada el juego de vitilla. En ese entonces solo existía una empresa embotelladora de agua para consumo humano que hasta nuestros días está operando y es Agua Cristal. Los niños de entonces cambiamos las pelotas de trapos y cascos de muñecas por las tapas de seguridad de los botellones de agua (que antes eran de vidrio) que solo las clases sociales alta y media (A+, A, A-, B+, B y B-) eran los únicos que consumían agua embotellada. Preñados de la madre de los ingenios mis contemporáneos tomamos esas tapas para jugar pelota, para más tarde ser llamado EL JUEGO VITILLAS. Al principio de los 90s el juego de vitillas tuvo una merma debido a que las reingeniería que aplicaron las empresas de entonces decidieron reducir la cantidad materia prima de las tapas para botellones de agua cambiando la forma de las mismas, pero gracias a Dios que alguien vio una oportunidad de negocio y fabrica las tapas de nuestra querida vitilla”.



Las reglas del juego son similares a las del béisbol, con una que otra modificación. En la mayoría de los casos no se juega con un árbitro, como se hace en el béisbol; con relación a lo de los strikes esto permanece de igual manera y se recorren las bases en el cuadrangular pintado en las vías. Los equipos se conforman dependiendo de las intenciones de los jugadores, dándoles a estos la libertad de conformarlo de la manera que deseen, pero en su mayoría se unen de tres jugadores por equipos.

 Este juego requiere de una gran destreza de bateo ya que las tapas pueden tornarse difíciles a la hora del "picheo". Quizás, las habilidades que se desarrollan al practicar este juego, son el secreto del porqué los dominicanos están entre los mejores jugadores de beisbol de todo el mundo.

 Este popular juego desempeña un gran papel en la formación y desarrollo de los más importantes jugadores de beisbol dominicano. Un factor común que ha caracterizado a los grandes jugadores, tanto de las Grandes Ligas (MLB) como los que juegan en el campeonato nacional, es que  han crecido en espacios con limitados recursos, donde la vitilla les quitaba las ganas de batear, a falta de estadios (plays) cercanos, bates, bolas y guantes.

A partir de la década de la década de 1990 el juego pasó de los barrios populares a la clase media y alta. Con la diáspora dominicana el juego ha ganado una ascendente popularidad en el sur de La Florida y en la ciudad de Nueva york y, claro está, en todo en todo el resto de la República Dominicana.

En Estados Unidos el nombre del juego fue usurpado a los dominicanos y con el nombre de BETEYAH ya se ofrecen tapas y bates plásticos en las tiendas virtuales del internet.
 


En 2008, la empresa de bebidas energizantes Red Bull se convirtió en la primera empresa en apadrinar a un evento nacional que reunió a un total de 500 equipos. En ese primer campeonato resultó victorioso el equipo Los Rabiosos del sector de Villa Francia de la capital.

En 2009 con la producción de un documental y un extenso artículo titulado "Mas que un Juego", en la revista de la compañía Red Bull, su famoso Red Bulletin, se inició un esfuerzo para popularizar el juego internacionalmente.


Finalmente y como dicen por aquí “Al que no haya jugado vitilla se le debería negar la cédula dominicana, esto es tan dominicano como el Mangú.



LOS TRES ENTIERROS DE TRUJILLO

Por: Raifi Genao

En la apoteosis de su megalomanía, el «Padre de la Patria Nueva», un déspota que se había dado maña para adueñarse del poder, mandó a construir, en 1947, un templo de sultán en el lugar de la casa de madera con tejado de zinc donde había nacido en 1891, en el poblado de San Cristóbal, a unos 30 kilómetros al oeste de la capital dominicana llamada entonces y ahora Santo Domingo. En esa iglesia, dedicada a Nuestra Señora de la Consolación y con 1.200 metros cuadrados de planta, una cripta con doce nichos esperaba a los Trujillo. Solo el tirano ocupó el suyo, pero sería por poco tiempo.
 


A mediados de noviembre, ya muerto el dictador Rafael Trujillo, una noche, su hijo «Ramfis» y unos secuaces suyos fueron en busca de «Chapitas» a la cripta de San Cristóbal. Cuando abrieron el ataúd sintieron un hedor insoportable. La visión del cadáver ennegrecido hizo que el general «Ramfis» se llenara de rabia e incluso maldijera a aquellos criminales. El difunto no se había descompuesto posiblemente debido a que el embalsamador lo atiborró de formol. La disolución del aldehído fórmico rebosó por las arterias agujeradas por las balas y entró a raudales y por todas partes en el cuerpo de «Chapitas».
 


«Ramfis» Trujillo trataba de evitar que el pueblo descargara su ira en el cadáver de su padre. Despachó al difunto y una jugosa fortuna con destino a Cannes, en el fantástico «Angelita», un lujoso yate de cuatro mástiles con 29 velas bautizado con el nombre de su hermana. Antes de zarpar, por la noche, sobre la cubierta, el féretro volvió a ser abierto. La imagen del muerto era fantasmal, horrible, pavorosa y maléfica, y cargada de un mal olor insoportable, según testigos. Cuando el general «Ramfis» dejó para siempre Santo Domingo llevaba 33 cadáveres, a su amante Hildegarde, la bella corista del Lido parisino, de la que no se volvió a saber, y una fortuna desproporcionada de la que ni el mismo sabia sus dimensiones.


Aquel 18 de noviembre de 1961, antes de zarpar desde Boca Chica hacia la isla caribeña de Guadalupe en el «Presidente Trujillo», un destructor de 1.340 toneladas de desplazamiento convertido en yate, «Ramfis» había matado, uno tras otro, a los seis últimos autores del tiranicidio que aún quedaban presos, en una orgía de sangre, alcohol y balas, en su finca preferida, la Hacienda María, que mira al mar por los alrededores de Nigua en Haina, muy cerca de San Cristóbal. Aquel negro atardecer, «Ramfis» usó el revólver del 38 que fue de su padre. Sentía que había saldado todas sus deudas. Desde Guadalupe, Ramfis voló a Paris en un avión que previamente había fletado acompañado de todo su séquito. El resto de los Trujillo, entre ellos la madre del dictador, Altagracia Julia Molina Chevalier, de 96 años, fue mandado al extranjero en sendos aviones «DC-6» de la Panamerican, en los días inmediatos a aquella partida apresurada.


Pero Rafael Leonidas Trujillo Molina volvería pronto a su país. El gobierno conminó al «Angelita» a retornar cuando estaba a 1.535 millas náuticas (unos 2.850 kilómetros) de Santo Domingo. De regreso al país buscaron a bordo un tesoro que la imaginación popular cifraba en 90 millones de dólares en efectivos y muchos lingotes de oro, pero sorpresivamente hallaron a «Chapitas». Abrieron el ataúd y sobrecogidos vieron y olieron al «Chivo», que había adquirido el color del pellejo seco. Alguien hizo fotos que misteriosamente se velaron. Aparecieron en el yate cheques certificados por 24 millones de dólares, una importante suma en dinero nacional, las medallas y condecoraciones a las que tan aficionado era desde niño «Chapitas» -de ahí el mote-.

Segundo entierro-Paris, Francia

 Después el cadáver fue despachado por avión a Paris en un DC-7 de la compañía Panamerican. Antes del embarque, Trujillo fue aireado por quinta vez, para certificar que se iba. Los oficiales que lo vieron en la base aérea de San Isidro, el centro del poder militar de la dictadura, estuvieron inquietos y nerviosos por días. Sólo algunos pocos dominicanos estuvieron al tanto del retorno inesperado y poco deseado del «Chivo».


En el aeropuerto de Orly de París, a la Gendarmería francesa no le convenció la respuesta del embajador dominicano, Carlos Ronsemberg. De modo que mandó abrir el ataúd de caoba, que se llenó del aire frío parisino de diciembre. Una vez los papeles en regla, «Chapitas» bajó a su segunda sepultura en poco tiempo, esta vez casi en solitario. Pero el pérfido sultán antillano no podía durar mucho en el mausoleo de 45.000 dólares que le habían comprado en el más famoso de los cementerios franceses: el Père Lachaise. ¿Qué hacía allí un personaje emplumado de opereta tropical como él en compañía de Chopin, Modigliani, Apollinaire, Proust, Beethoven, La Fontaine, Moliere, Balzac, Ingres, Delacroix, y tantos otros?



«Ramfis» Trujillo se olvidó pronto de su padre y siguió su buena vida. Cuando se cansó de París, se mudó a Madrid, bajo el manto protector del gran amigo de su familia y todopoderoso, el Generalísimo Francisco Franco. Se aseguraba con convicción que los Trujillo habían amasado una fortuna de 800 millones de dólares, cifra fabulosa en 1961 y descomunal para un país con tres millones de habitantes y una renta media de 210 dólares anuales por persona. Juan Bosch, cuando fue presidente dominicano en 1963, cifró el robó en 250 millones de dólares. Fuere la cantidad que fuese, los Trujillo se enredaron en pleitos por la fortuna. «Chapitas» había nombrado herederos a su última esposa María Martínez Alba y sus tres retoños, en detrimento de los hijos nacidos de diferentes relaciones, entre ellos Flor de Oro, aquella mujer bravía que tuvo ocho maridos, y una treintena larga de bastardos. La tajada del león del botín de Trujillo estaba depositada en Suiza, pero a María Martínez la clave de la cuenta se le traspapeló en su memoria senil. El secreto se fue con ella a la tumba en el mismo taxi que llevó su cadáver al cementerio en Panamá, donde la gruesa y malhumorada viuda de Trujillo murió de forma natural.


A los ochos años del desenterramiento de «Chapitas» en San Cristóbal, la maldición alcanzó finalmente a «Ramfis» en España, cuando estrelló a gran velocidad su auto deportivo contra el de la marquesa de Alburquerque en la carretera N-1, en los alrededores de Madrid, un extremadamente frío y oscuro 17 de diciembre de 1969. Ingresado en el hospital de la Cruz Roja, «Ramfis» rehusó el tratamiento médico y acabó muriendo de un derrame interno el 28 de diciembre de 1969, paradójicamente el día en que la Iglesia católica, en la que él creía, celebra cada año los Santos Inocentes. «Ramfis» tenía 40 años. Dejó viuda a Lita y dos hijos, Ricky y otro llamado Ramsés, como el capitán de la guardia del faraón en «Aída». A su funeral asistió el exiliado ex presidente argentino general Juan Domingo Perón, agradecido con «Chapitas», que le había acogido en enero de 1959 tras la caída del dictador venezolano Marcos Pérez Jiménez, quien lo cobijaba en Caracas. Antes, a Perón le había protegido el general paraguayo Alfredo Stroessner y en España después lo haría el Generalísimo Franco. El cadáver de «Ramfis» Trujillo Martínez fue enterrado en un nicho del cementerio madrileño de La Almudena, pero no por mucho tiempo. Rafael Leonidas Trujillo Molina tuvo más tarde de eso su tercer y último entierro.

 Tercer entierro-España


Exhumado en París fue llevado a Madrid para ser sepultado en un panteón en el cementerio de El Pardo, un pueblo en los alrededores de la capital española, con un palacio donde vivía entonces su buen amigo el dictador Franco. La iniciativa, nueve años después de ser llevado a París, fue de María Martínez, natural de un pueblo de Cádiz (Trujillo se casó tres veces y tuvo ocho hijos).

Seguramente cuando Trujillo visitó allí a Franco, en junio de 1956, le sedujo aquel paisaje europeo de bosque de pino, poblado de animales de caza mayor, donde tantos reyes españoles habían gozado. En El Pardo, en la vecindad de Franco, Trujillo, que tanto le gustaba este lugar quedaba a buen recaudo. El 24 de junio de 1970, los cadáveres de «Ramfis» se reunión con el de su padre en aquel panteón de 25 metros cuadrados forrado con placas de mármol negro. Nadie los ha vuelto a molestar. Ni Lita Trujillo ni Ramsés, que continúan en su particular «dolce vita». «Por aquí no viene nadie», dice el sepulturero del cementerio de El Pardo parado frente a aquella tumba de mármol negro cuyo techo se desplomó en 2007, y mientras señala el cielo raso de escayola caído dentro del mausoleo.



La luz de un mediodía primaveral se filtra por la puerta de cristales enrejados y a través de cuatro vitrales con imágenes del culto católico, entre ellas la Virgen de de Altagracia, la patrona dominicana. En tres altares hay dispersos objetos de culto: dos imágenes de vírgenes, un atril y varios búcaros de mármol blanco, abandonados de cualquier modo. Por el altar del fondo se baja a la cripta de los dos Trujillo, un espacio tan reducido que contrasta con la pirámide faraónica de San Cristóbal en la que el dictador imaginó que reposaría hasta el juicio final. Es exactamente de las mismas dimensiones que el dormitorio de la tercera planta de su casa preferida, la Casa de Caoba donde el sultán antillano continuamente se ejercitaba como todo un macho cabrío.
 




Fuente:

http://lavendatransparente.wordpress.com/category/politica-y-sociedad/page/3/




miércoles, 16 de mayo de 2012

RECORDANDO A MARIA MONTEZ EN SU CENTENARIO



 Nació en Barahona, República Dominicana, hija de Isidoro Gracia García, español, y Regla Teresa María Vidal, oriunda de Baní, el día 6 de Junio de 1912. Llamada María África por su padre en homenaje a su tierra natal, la Isla de la Palma, en Islas Canarias, España, localizada al frente del continente africano.
 

Su verdadero nombre era entonces MARÍA ÁFRICA GRACIA VIDAL. Sin embargo, su nombre aparece entre sus biógrafos en las siguientes formas:
 

María Africa Vidal de Santos Silas

María Africa Vidal de Santos Siles y Gracia

María Antonia Vidal de Santos Silas y Gracia

Africa María Gracia Vidal

María Gracia Van Dahi de Santos Siles MacFeeters

María Van Dahi de Santo Sillas y Gracia

María América Gracia Vidal de Sto. Silas

María Teresa Vidal de Santo Silas y Gracia

María Teresa de Santo Silas Salomons

María Africa Antonia Gracia Vidal de Santo Silas

María Theresa Gracia de Santo Sillas
 

Su padre se dedicaba a la exportación de madera, específicamente de guayacán, y también a la venta de tejidos. Tuvo el título de Vicecónsul Honorario de España. María fue la segunda hija de una prole de diez (Isidoro, Aquilino, Joaquín, David, Ada, Consuelo, Luz, Luis, Jaime y Teresita). Desde muy pequeña mostró inclinación por el cine y se esmeró en el aprendizaje del idioma inglés, que estudió escuchando canciones y leyendo revistas norteamericanas. Estudió hasta el octavo grado.
 

Sus vecinos de Barahona comentaban que de pequeña, en vez de jugar a las muñecas, creaba su propio escenario tendiendo una gran sábana blanca de una pared a otra de su casa, que era tenuemente iluminada con una lámpara de gas.
 

Contrajo matrimonio dos veces. La primera en su pueblo natal con el banquero irlandés William McFeeters, el 28 de noviembre de 1932, que era el representante en Barahona del First National City Bank of New York y con quien estuvo casada casi siete años, hasta su partida a Nueva York, el 3 de julio de 1939, tenía 27 años y no 19, como dicen algunos libros de cine.
 

Su primer trabajo en New York fue posar para la portada de una revista por la suma de US$50. Posó para cuadros de McCleland Bracly, famoso pintor neoyorkino, que la conoció a través de la prensa. Siguió una repentina avalancha de ilustradores, fotógrafos y agencias de modelaje. El éxito alcanzado es sólo relativo. La primera en reconocerlo es ella misma.
 

En el Restaurant 21 conoció a George Schaeffer, importante ejecutivo de la RKO Radio Pictures. Cuando el empresario le preguntó si aceptaría someterse a unas pruebas de cine, ella exclamó: ¡Películas! ¿Qué daño pueden hacerme?


Pero fue Joe Pasternark, directivo de la Universal, rival de la RKO, quien tuvo la pericia de adivinar el potencial en Montez y le hizo una oferta razonable: un sueldo de US$150 semanales, el pago del viaje a Hollywood y otras prestaciones.
 


En una de sus travesuras, que utilizaba para llamar la atención, comentó a la prensa que aceptó la oferta de trabajo de la Universal porque esta empresa carecía de estrellas glamorosas. En aquel momento, la Universal contaba con estrellas como Marlene Dietrich y Loretta Young.
 

Cuando María arribó a Hollywood, no permitió que el lujo de sus ambientes deslumbraran sus sentidos, por el contrario, tuvo la valentía de afirmar: Si Hollywood es la ciudad del espectáculo, yo ofreceré el mío. María eligió el apellido Montez en honor a una famosa bailarina aventurera llamada Lola Montez, pensó que acoplaría muy bien con su personalidad y con su primer nombre de pila.
 

La primera película en que aparece brevemente, como una beldad que se exhibe en traje de baño en un concurso de belleza, es LUCKY DEVILS (Malvados con suerte), en 1941. Aunque fue favorecida con un excelente enfoque (muy de cerca), le fueron asignadas sólo algunas líneas de diálogo trivial. Su nombre fue omitido en el reparto de esta película de clase B, mientras que el de Janet Shaw, con una participación menos importante, si apareció.
 

BOSS OF BULLION CITY (El amo del oeste) es el título de la próxima cinta en que actúa. La suerte parece hallarse de su parte en esa oportunidad que comparte honores estelares con Johnny Mack Brown. Después debe conformarse con una breve participación en un filme de clase B, THE INVISIBLE WOMAN (La mujer invisible), paradójicamente sólo dice una frase.
 

Para compensar este mal momento en la carrera recién comenzada, tiene la insólita idea de fundar su propio club de admiradores el MONTEZ FOR STARDOM CLUB (Club para el estrellato de la Montez) compuesto en gran parte por coleccionistas de fotografías de artistas en poses sensuales y con escasa ropa, que hoy en día sería catalogadas de candorosas.
 


La suerte la acompaña en su siguiente película, THAT NIGHT IN RIO (Aquella noche en Rio), luce esplendorosa por primera vez en tecnicolor. La Universal cede a María a la empresa rival, 20th. Century Fox, para aparecer en una película con Carmen Miranda, Alice Faye y Don Ameche. En este filme, María baila una contagiosa rumba, haciendo destacar los reflejos rojizos de su cabello, probando que se veía maravillosamente bien en colores por primera vez.


En RAIDERS OF THE DESERT (Jinetes del desierto), película que la pone por primera vez, con diáfanos velos y con los magníficos escenarios que intentan llevar a pantalla la magia del Lejano Oriente. En MOONLIGHT IN HAWAII (Claro de luna en Hawaii), los espectadores tendrán que aceptarla en sexta línea como Ilani, la rubia nativa de la Isla Principal.


En 1942, actúa en la primera película del género escapista, SOUTH OF TAHITI (La Reina de la selva o La Venus de la selva). María actúa como la muchacha blanca que vive en una ensoñadora isla del continente asiático. Esto fue ideado por la Universal con la finalidad de competir con la Paramount Pictures, cuyas películas, estelarizadas por la legendaria Dorothy Lamour, en el desierto, en la selva ó en una isla tropical, abarrotaban las salas de espectadores ávidos de escapar de las preocupaciones de la Segunda Guerra Mundial.


Pese al éxito obtenido con la anterior película, María es insertada nuevamente en una película de clasificación B, cuyo título es BOMBAY CLIPPER (El vuelo de Bombay), una intrascendente cinta de espionaje, que no favorece a su carrera. Poco después, María se presenta a los espectadores en la producción: THE MISTERY OF MARIE ROGET (El misterio de Marie Roget), basada en la obra homónima de Edgar Allan Poe.
 

El 1° de octubre de 1942, encontró el amor por segunda vez en la estación ferroviaria de Dearborne. Se enamoró a primera vista del apuesto caballero que, pese a ser alto (6 pies de altura), de tez blanca, ojos azules y pelo rubio, tenía cierto aire que lo diferenciaba del promedio de los norteamericanos. Era el actor francés Jean Pierre Aumont, que estaba contratado por la Metro Goldwin Mayer, para actuar en THE CROSS OF LARRAINE.
 

La boda se realizó el 13 de julio de 1943 en la casa de María. La dama de honor fue Janine Crespin, acompañada del “best man” Charles Boyer, el pintor Frederic Sprague fue el organista que interpretó la marcha nupcial y como invitados de honor estaban su astrólogo, su jardinero y dos masajistas húngaros. En la ceremonia los recién casados se besaron 112 veces. Lamentablemente, para María, Aumont tuvo que partir a la guerra, poco tiempo después.
 


¡Por fin! La Universal descifró la complicada clave de sus encantos, eligiéndola como el centro de la que se perfila como acertada producción para el cine, que llevará el sugerente título de: ARABIAN NIGHTS (Las 1,001 noches). Ambientado en el maravilloso Cercano Oriente, este film, en tecnicolor, ofreció a Montez la oportunidad de vestir el tradicional ropaje oriental. Sus ojos rasgados y sus facciones fueron espléndidamente resaltados por los turbantes, mientras las túnicas, los velos se acoplaron increíblemente bien con su silueta. Esta fue la primera película que coprotagonizó con Jon Hall y Sabú.


LAS MIL Y UNA NOCHES fue la película que inspiró la célebre frase de María: ¡Luzco tan hermosa que contemplar mi imagen me estremece de placer! También marcó el inicio de una popular serie de filmes de tipo escapista, que fueron realizados por la Universal entre 1942 y 1945. WHITE SAVAGE (La salvaje blanca), segunda de esta serie, fue la película que consagró a María como la indiscutible *Reina del Tecnicolor* (Queen of Technicolor).




Para continuar con el tema del Oriente, el Estudio produjo después ALI BABA AND THE FORTY THIEVES (Ali Babá y los 40 ladrones). En los países donde se exhibió la película, las salas de cine fueron colmadas por verdaderas oleadas de público. En 1944 protagonizó COBRA WOMAN (La Reina cobra), una rara historia que tiene lugar en una aldea en que habita una cruel sacerdotisa. Un verdadero reto para ella, porque tiene el doble papel de las hermanas gemelas: Nadja, la tiránica soberana de una tribu de adoradores de serpientes, y de Tollea, la noble y sencilla muchacha.


María consiguió apropiarse del triunfo, a pesar de ser una recién llegada, de haber iniciado su carrera a la edad de 28 años y de que apenas dispuso de tiempo para su preparación cinematográfica, lo cual no le permitió desarrollar facultades de carácter dramático.



La Tempestuosa Montez, la Dinamita dominicana, siempre tuvo un largo séquito de periodistas que la seguían a todas partes, ya que no sólo proporcionaba material para escribir una columna periodística, sino para redactar una página completa de un diario. Cuando no había ninguna novedad entre los miembros de la colonia del cine, los editores de Los Angeles les gritaban a sus reporteros: ¡Vayan a Bervely Hills, a ver qué está haciendo la Montez!; según el periodista Pete Martin del Saturday Evening Post.


En noviembre de 1943 obtuvo dos reconocimientos en República Dominicana, su país. La Orden Juan Pablo Duarte, en el Grado de Oficial, y la Orden Trujillo, en el mismo grado, que le otorgó el dictador Rafael Leonidas Trujillo, cuando se filmaba la película GYPSY WILDCAT (Alma gitana), que le reportó a la Universal millonarias sumas de dinero.


La Universal quería continuar con este tipo de películas, pero Montez no estuvo de acuerdo, no quería ser estereotipada y no se prestaría a que los implacables cineastas la convirtieran en una actriz que sólo podía interpretar determinados roles, siempre acompañada del mismo actor y encasillada en la misma clase de película (ya había actuado en más de 4 películas con Jon Hall).


También en 1944, María Montez fue una de los invitados de la Primera Dama, Eleanor Roosevelt, para el cumpleaños de su esposo, el Presidente Franklin D. Roosevelt, en el Hotel Statlor en Washington, D. C.


Antes de que concluyera 1944, se estrena BOWERY TO BROADWAY (Camino a Broadway), película en blanco y negro que rompe momentáneamente, con la secuencia de sus películas escapistas iniciada en 1942. Ese mismo año fue promocionada como Embajadora de Buena Voluntad de los países latinoamericanos ante los Estados Unidos dentro de la denominada política del buen vecino.


En 1945 únicamente actúa en la película SUDAN (Sudán), que fue la última de sus películas escapistas, las cuales llenaron toda una época en la historia del cine norteamericano de los años cuarenta.



También en 1945 surgen cambios en la vida de la Montez, el primero fue traer desde su pueblo natal de Barahona, a sus hermanos Jaime, Ada, Luz, Consuelo, Teresita y Lucita, quienes intentaron incursionar en el mundo del cine. Y el segundo, cuando Jean Piere Aumont regresó de la guerra en mayo de 1945.


A pesar de que no tuvieron mucho éxito en el cine. Consuelo actuó en PIRATES OF MONTEREY con el seudónimo de Julia Andre y se casó con el publicista de la Universal, Keneth Carter. Luz Montez contrajo matrimonio con el periodista del Paris Match, Jean Roy, cuyo verdadero nombre era Ives L. Leleu. Su hermano Jaime Montez, actuó en las películas TIME OF CUCKOO, MONTSETRRAT, LIVE WIRE, HEAVEN CAN WAIT, BULL FIGHT, ANA LUCASTA y BAD MAN. Unos años después decidió ingresar en el ejército americano, obtuvo el grado de sargento y participó en la guerra de Corea. Teresita llegó a ser contratada como modelo exclusiva de la revista francesa Vogue en los años 50.


María se rehúso a trabajar en la película FRONTIER GAL, estaba cansada de las películas escapistas, por lo cual recibió una sanción de la Universal con una fatal suspensión de su contrato aunque con el atenuante de ser sólo temporal. La película sería entonces protagonizada por la actriz Ivonne de Carlo, que luego sustituye a María en SALOME WHERE SHE DANCED, esta última fue acribillada por la crítica, sin embargo lanzó a De Carlo al estrellato.
 

La película TANGIER (Tangér), fue concebida por la Universal con el propósito de complacer a María. Pese a que una vez más su belleza sobresale, esta cinta en blanco y negro, fue catalogada como el error más grande de toda su carrera, porque permitió que muchas de sus hasta entonces desconocidas limitaciones, salieran a flote.
 

El 14 de febrero de 1946 María dio a luz una hermosa niña que recibió el nombre de María Christina. Hoy en día, conocida como la actriz Tina Aumont (ó Tina Marquand).
 

Mientras filmaban THE EXILE (La caída de un reino ó El desterrado), en 1946, María, demasiado tarde para protestar, se entera de que la promoción sólo mencionará a Douglas Fairbanks Jr. y que ella aparecerá solamente en 20 minutos del filme. La Universal había firmado un contrato para 8 películas en calidad de protagonista, María y sus abogados llevaron el caso a la corte y ganó la demanda de US$250,000.
 

Luego protagoniza nuevamente en tecnicolor la película PIRATES OF MONTEREY (Piratas de Monterey). María toma de improviso la decisión de abandonar para siempre la Universal. Sus directivos no movieron un dedo para evitar el alejamiento de unas de sus actrices más taquilleras.


María Montez, desprovista de obligaciones con Universal, firmará inicialmente con el productor de cine Symour Nebenzal, para realizar la película THE SIREN OF ATLANTIS (La Sirena de la Atlántida o La Atlántida), con United Artits.




Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, María Montez se traslada a París con su esposo Jean-Pierre Aumont. El recibimiento que los franceses tributaron en esta ocasión al actor galo y a su bella esposa, la primera estrella del cine norteamericano que visitaba esta nación después de la guerra, fue muy halagador.


Del 20 de septiembre al 5 de octubre de 1946, María Montez y su esposo fueron invitados al Primer Festival del Cine en Cannes. La primera película que Jean Pierre y María realizaron en Francia fue HANS LE MARINE (Hans el Marino). François Villiers, hermano de Jean Pierre, dirigió el filme. También actuaron en esta ocasión Lilli Palmer y Jean Roy, el esposo de Luz (Lucita) Montez.


La siguiente película de María fue PORTRAIT D’UN ASSASIN (Pasión prohibida), filmada en Francia por Bernard Roland. Importantes actores de Europa como Erich Von Stroheim, Arletty y Pierre Braseur figuran en papeles importantes. Según los críticos María lució más seductora y convincente. Lo que prueba que sus dotes histriónicas comenzaban a madurar.


Luego María viajó a Italia para desempeñar el rol protagónico de la película IL LADRO DI VENEZIA (El ladrón de Venecia). Su actuación fue elogiada en forma unánime por la crítica: No cabe duda; ésta es la mejor actuación de toda su carrera. Durante la filmación de esta película María tuvo una fuerte pelea con Jean Pierre, lo que sorprendió a los medios porque nunca habían despertado comentarios, la pareja era considerada como uno de los matrimonios más sólidos del cine.


La segunda película italiana de Montez fue AMORE E SANGUE (Tierra de violencia). A su regreso a París, María comienza a prepararse para su debut en teatro con la obra L’ILE HEREUSE (La isla feliz), que Jean Pierre escribiera para ella. La obra fue estrenada en enero de 1951 en el teatro Eduardo VII de la Ciudad Luz, María interpretaba el personaje de una actriz hispanoamericana llamada Carlota Goya, que al llegar a Hollywood es víctima de intrigas y ofensas por parte de importantes personalidades del cine. L’ILE HEREUSE fue tan bien acogida en París que después fue montada en otras ciudades europeas.


El actor francés y la actriz dominicana viajan a Italia para compartir la filmación de la película LA VENDETTA DEL CORSARO (La venganza del corsario), en la que ambos volverían a actuar como los principales personajes del filme.


En mayo de 1951, su agente Louis Schurr, le hizo una proposición para regresar a Hollywood, que ella aceptó con agrado, pero lamentablemente no pudo cumplir.


María África Gracia Vidal, falleció el 17 de septiembre de 1951, mientras tomaba un baño, en su residencia de Sureness, París. Sus hermanas Ada y Teresita la encontraron ahogada en la tina del baño. De acuerdo a los médicos, el accidente sufrido por María pudo haber sido provocado por dos causas distintas: Sufrió un paro cardíaco a consecuencia de un shock que el contacto con el agua caliente (45 grados Celsius) le produjo. El calor del agua le provocó un desmayo y a consecuencia de éste se ahogó. No llegó a practicarse la autopsia, por lo que la verdadera razón de su muerte no pudo ser determinada.


El 11 de septiembre de 1951, en la Iglesia Católica Romana de Saint Pierre de Chaillot, se realizó el funeral. Su cadáver fue amortajado con un traje de noche de seda azul con adornos blancos, obra de Jacques Hein, como correspondía a la que en vida fue aclamada como la Reina del Tecnicolor.



En la República Dominicana, causó gran consternación la noticia de la muerte de María. Al igual que en todo el mundo, los periódicos nacionales publicaron la información en primera plana. Las primeras manifestaciones de duelo ocurrieron en Barahona, donde aún vivía su madre, doña Teresa, y numerosos miembros de la familia Gracia Vidal.


Los ejecutivos del ayuntamiento de la ciudad sureña: Víctor Matos (Síndico), Sócrates Lagares (Presidente) y José A. Robert (Secretario), declararon duelo comunal por 24 horas, el 8 de septiembre de 1951, al otro día de la trágica desaparición de la destacada actriz barahonera. Diez días más tarde, dichas autoridades designaron la calle Prolongación de la Uruguay con el nombre de María Montez.



El Presidente Joaquín Balaguer oficialmente inauguró el aeropuerto internacional de Barahona el sábado 27 de abril de 1996 con el nombre de Aeropuerto Internacional María Montez.



En Santo Domingo, en mayo de 1998, pusieron una estrella de bronce en honor a María Montez en el Bulevar de la Juventud y de las Estrellas de la Avenida Winston Churchill.


En su testamento, María distribuyó su herencia, valorada en 200,000 dólares, entre su madre y algunos de sus hermanos, mientras el resto de sus bienes eran destinados a su hija y a su esposo.


La más transcendental herencia que dejó María a su muerte fue su gran hazaña de haber conquistado el estrellato a la edad de 28 años, y pese a que no venía de un pueblecito norteamericano como Ava, ni tenía la experiencia del Music Hall o de Broadway, simplemente venía de una provincia de la República Dominicana, donde pasó los primeros 27 años de su vida.


Su filmografía consta de 21 películas norteamericanas, 2 francesas y 3 italianas, que componen el significativo número de 26 películas, gracias a las cuales el nombre de República Dominicana figura en todas las enciclopedias e historias del Séptimo Arte que existen en la actualidad.


María escribió tres libros, numerosos poemas, entre ellas CREPUSCULO, la cual ganó el premio otorgado por la Asociación The Manuscriters, y un sinnúmero de artículos periodísticos escritos en cuatro idiomas. También escribió las canciones DOLIENTE y MIDNIGHT MEMORIES. FOREVER IS A LONG TIME, HOLLYWOOD WOLVES I HAVE TAMED y REUNION IN LILITH, son los títulos de los libros escritos por la actriz. A diferencia de los dos primeros, el último de dichos libros no llegó a ser publicado.


Todavía en República Dominicana sus miles de seguidores están a la espera de un museo dedicado a la actriz donde sus compatriotas puedan soñar con aquella mujer bellísima y exótica que, sin embargo, era tan nuestra.


Sus restos reposan en el Cimetiere du Montparnasse. Con las conmemoraciones del centenario de nacimiento el pueblo dominicano está a la espera que los restos de la actriz sean repatriados a su ciudad natal.




Tomado de:


Con información del libro MARIA MONTEZ: Su Vida, de Margarita Vicens de Morales.

EL TRÍO MATAMOROS Y EL CICLÓN

Cada vez que me acuerdo del ciclón se me enferma el corazón.
Por Frank Moya Pons

 El 16 de mayo del año 1930 los dominicanos fueron a las urnas para elegir a un nuevo Presidente de la República. Para ese entonces la campaña electoral ya estaba seriamente empañada por los ataques terroristas que los militares habían lanzado contra los candidatos demócratas de la llamada Alianza Nacional Progresista.


Estos candidatos civiles se vieron obligados a abandonar la contienda para escapar de la violencia y proteger sus vidas. Las elecciones se celebraron con la participación de un candidato único, el General Rafael Trujillo, Jefe del Ejército, quien en febrero de ese año había orquestado un golpe de Estado que obligó al depuesto presidente Horacio Vásquez a exiliarse en Puerto Rico. Sobra decir que la abstención electoral fue abrumadora, pero Trujillo "ganó" las elecciones con la casi totalidad de los votos emitidos.


El 16 de agosto de ese mismo año, Trujillo juró como nuevo Presidente de la República Dominicana ante un pueblo aterrorizado que observaba incrédulo como este advenedizo social de dudosas credenciales morales, originario de una familia de cuatreros, había ascendido rápidamente desde los rangos inferiores de la milicia a la primera magistratura de la Nación.


Trujillo tenía tan poca aceptación dentro del electorado que uno de los slogans más populares de la campaña era "no puede ser", pero sus bandas de delincuentes armados y las patrullas militares que aterrorizaban a los ciudadanos obligaron al retiro de sus opositores de las elecciones. Fue así como el Jefe del Ejército se convirtió en el Presidente del país y, para despejar el panorama de desconfianza nacional, inició su mandato con el tema "no hay peligro en seguirme".


Dos semanas después de Trujillo haber tomado posesión, el día 3 de septiembre de 1930, la ciudad de Santo Domingo fue azotada por uno de los huracanes más fuertes y destructivos de su historia. Entre los sobrevivientes de esta tormenta se encontraba un trío de músicos cubanos que habían llegado a Santo Domingo trece días antes de las elecciones para realizar una serie de presentaciones.



En aquellos años la República Dominicana mantenía frecuentes contactos e intercambios culturales con Cuba. Entonces la ciudad de La Habana era un centro artístico muy activo que irradiaba su influencia sobre todo el Caribe y México, y exportaba músicos y cantantes que difundían con éxito el son, un género más popular que las tradicionales danzas españolas o los danzones y danzonetes criollos.

A fines de la década de los años veinte, ni siquiera el bolero, que era entonces un incipiente género musical caribeño, podía competir con la popularidad del son cubano. En esos años, el son era una forma de expresión que había alcanzado la madurez, y sus orígenes podían rastrearse con facilidad hasta la segunda mitad del siglo 19.


El Trío Matamoros, el grupo musical cubano más famoso de esa época, llegó a Santo Domingo el 3 de mayo de 1930. La carrera artística de este grupo abarcó casi 50 años e hizo historia en el Caribe y América Latina, así como en las comunidades latinas de los Estados Unidos. En 1930 Los Matamoros eran ya famosos y recibieron una calurosa bienvenida en la República Dominicana, donde permanecieron por varios meses.
 


Nuestros tres músicos, Rafael Cueto, Siro Rodríguez y Miguel Matamoros hospedaron en el tercer piso de una residencia privada en un vecindario densamente poblado conocido como "Borojol", centro de la vida nocturna de la ciudad. El término "borojol" se deriva de la hispanización de Borough Hall. Los marines de los Estados Unidos, que ocuparon y gobernaron la República Dominicana de 1916 a 1924, popularizaron el nombre de este barrio.


Miguel Matamoros era el líder del Trío y él contó las experiencias vividas en el huracán en una entrevista publicada por el sociólogo Dagoberto Tejeda Ortiz en 1971 (Ver: Dagoberto Tejeda Ortiz, "El Ciclón y los Matamoros", Ultima Hora, Santo Domingo, 3 de octubre de 1998, p. 36.):


"En el año 1930 nosotros fuimos a Santo Domingo por primera vez; sí recuerdo que en esos días tomó posesión de la presidencia Rafael Leónidas Trujillo. Allí nos cogió eso, el ciclón San Zenón, dos días antes de la fecha que teníamos señalada para regresar a Cuba.


"Ese día del ciclón amaneció lloviendo muchísimo y había mucho viento y nadie se atrevía a salir a la calle; nosotros vivíamos en la casa de una amiga llamada Luz Saldaña. Entonces yo le digo a Siro y a Cueto: "Oigan, voy a salir", y por mucho que traté no pude hacerlo. El ciclón causó más de cuatro mil muertos y veinte mil heridos".


"El viento era tan fuerte que se llevaba las tejas del techo de la casa donde estábamos. Yo salí de la sala y me metí en la cocina, me escondí debajo del fogón de mampostería, de esos de tres o cuatro hornillas, llegó el momento en que yo creí que no hacía el cuento. El ciclón hizo mucho daño, y a mí me hizo mucho daño porque vi mucha gente muerta... Después que salimos de Santo Domingo yo compuse ese Son que se llama "El Trío y el Ciclón".
 


He aquí el texto de esa canción, según la grabación realizada poco después de los hechos:
 

En una tarde de inquietud

Quisqueya vióse de pronto de pavor sumida.

Reinaba allí la lluvia, la centella,

y la mar por doquiera embravecida.

Horas después quiso la aciaga suerte

sólo dejar desolación, gemido,

el imperio macabro de la muerte

sobre el pueblo entero destruido.

Cada vez que me acuerdo del ciclón

se me enferma el corazón.



Cada vez que me acuerdo del ciclón

se me enferma el corazón.


Cada vez que me acuerdo del ciclón

se me enferma el corazón.


Ayy, espiritistas inciertos

que muchos hay por allá...

Ayy, espiritistas inciertos,

que muchos hay por allá,

porfiaban con terquedad

que los del Trío habían muerto

Cada vez que me acuerdo del ciclón

se me enferma el corazón.


Cada vez que me acuerdo del ciclón

se me enferma el corazón.



Cada vez que me acuerdo del ciclón

se me enferma el corazón.

Ayy, esto fue lo más sabroso:

que el Trío en un aeroplano...

Esto fue lo más sabroso:

que el Trío en un aeroplano

volviera a suelo cubano

para seguir venturoso.


Cada vez que me acuerdo del ciclón

se me enferma el corazón.


Ayy, aquí termina la historia

de tan tremendo ciclón...


Aquí termina la historia

de tan tremendo ciclón:

los muertos van a la gloria

 y los vivos a bailar el son.


Cada vez que me acuerdo del ciclón

se me enferma el corazón.
 

Hoy es importante esta entrevista porque en un foro de aficionados a la música popular en el internet (www.groups.com /hobby /ptopic63979.html) alguien, citando la memoria oral de su madre, disemina la falsedad de que esta composición fue hecha por Miguel Matamoros para conmemorar un ciclón que pasó por Cuba en el año 1933. Sin embargo, un sitio más profesional de música popular (www.laconga.org/matamoros_cp.htm), que contiene una biografía musical de Miguel Matamoros establece claramente que "El Trío y el Ciclón" surgió de la experiencia en Santo Domingo: "Los Matamoros salieron a República Dominicana de donde trajeron nuevas composiciones, El Trío y el Ciclón y la célebre Lágrimas Negras, ambas fruto de experiencias reales". En la entrevista también queda claro el origen de "Lágrimas Negras" y de otro famosísimo son de los Matamoros, "Son de la Loma".


Sobre la primera de estas dos canciones Miguel Matamoros le contó a Tejeda Ortiz: "Lágrimas Negras. Sí, es un bolero-son, pero no lo compuse por un asunto mío, no señor, sino por una vecina que siempre llegaba a la casa lamentándose de que el marido, sin razón, la había dejado abandonada, por eso la poesía dice "Aunque tú me has dejado en el abandono, aunque tú has muerto todas mis ilusiones...". Sobre el segundo son la memoria de Miguel Matamoros es la siguiente: "Una noche en que yo estaba dando una serenata en Trocha y San Pedro, frente al sanatorio "La Colonia Española"... entonces de una casa cercana salió una señora con su hija, pequeñita ella, y me dice así: "Señor, señor, mi hija quiere conocer a los cantantes, quiere saber de dónde son". Entonces yo me inspiré en esa pregunta y esa misma noche hice el resto de la poesía. No, no señor, la gente no sabe lo que dice: Son de la loma, quiere decir, que son de Santiago; y cantan en llano quiere decir que cantan en La Habana".


El huracán que destruyó gran parte de Santo Domingo en 1930 fue llamado San Zenón a partir del miércoles 14 de septiembre, once días después del huracán y cuatro días después que el periódico reinició su publicación. Hasta entonces le llamaban indistintamente la tormenta, el ciclón, o el huracán del 3 de septiembre.


San Zenón pudo haber sido una más de las típicas grandes tormentas caribeñas de no haber sido por el rápido crecimiento que había experimentado la ciudad de Santo Domingo durante la década de 1920 debido a la migración acelerada de los campesinos que trataban de escapar de la pobreza. El censo municipal de 1919 registró apenas 26,812 habitantes en la ciudad, pero en 1935 la población había alcanzado la cifra de 116,992. Se estima que la población de la ciudad en el año de 1930 era cercana a 50,000 habitantes. Si las cifras oficiales de 4,000 muertos y 19,000 heridos son ciertas, entonces uno de cada dos habitantes de la ciudad sufrió heridas o murió a causa del huracán, haciendo de este fenómeno uno de los peores, sino el más letal en la historia del Caribe, hasta hoy.


El ciclón fue percibido como tal por los moradores de la ciudad así como por los funcionarios públicos que tuvieron que enfrentarlo. Cuando el periódico Listín Diario logró circular nuevamente el 10 de septiembre, una semana después del meteoro, el titular de primera página decía que "fue azotada la ciudad por un huracán de intensidad apocalíptica, el cual la redujo a escombros en pocas horas sembrando el exterminio". De acuerdo con esta fuente, el 70% de las casas de la ciudad quedaron totalmente destruidas y un primer estimado decía que el número de muertos ascendía a más de 3,000, en adición a más de 8,000 heridos.


En la entrevista concedida por Miguel Matamoros también se lee que "los muertos los cargaban al parquecito que actualmente está frente al fuerte de Santa Bárbara, en lo que era el centro de Borojol, frente al antiguo cabaret La Perrera y las cercanías del aristocrático (sic) Bombillo Rojo". Por otra parte, los muertos recogidos en la parte sur de la ciudad los amontonaban y los cremaban en la entonces llamada Plaza Colombina que luego recibió el nombre de Parque Infantil Ramfis y que hoy se conoce como Parque Eugenio María de Hostos, frente al obelisco de la Avenida George Washington.


Una noticia positiva fue que la antigua zona colonial soportó la tormenta bastante bien ya que la mayoría de las casas y edificios públicos estaban construidos en piedra o en mampostería, aunque muchos perdieron sus tejas y sus puertas, y muchas ventanas sufrieron daños.
 

Esta información no debería sorprendernos porque la parte colonial de Santo Domingo tenía más de 400 años de antigüedad y había enfrentado muchos huracanes anteriormente. La devastación, por tanto, tuvo lugar en los barrios nuevos creados por los inmigrantes recientes que invadieron la ciudad tras terminar los trabajos de las primeras carreteras que conectaban la capital con el interior del país. Estas carreteras comenzaron a ser construidas por el gobierno militar norteamericano entre 1917 y 1922, y continuaron durante el gobierno de Vásquez entre 1924 y 1930.
 

Antes de las carreteras, la capital de la República Dominicana parecía más una capital de provincia que una urbe de importancia, con menos de 70 manzanas urbanizadas encerradas dentro de sus antiguas murallas coloniales. Recuérdese que todavía en 1911 el pueblo de San Carlos y sus alrededores funcionaban como un municipio independiente de la ciudad de Santo Domingo, y la capital apenas había comenzado a extenderse tímidamente fuera de las murallas hacia el barrio conocido como "Ciudad Nueva", al oeste de los muros, y hacia la llamada Villa Francisca, al norte.